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lunes, 12 de febrero de 2018

CÓMO DECIRTE




CÓMO DECIRTE

Quise decirte que a pesar del crudo verano,
los pájaros aún bajan a beber en el patio,
el agua que escurre de las macetas de geranios,
claveles y siemprevivas.

Quise decirte que a pesar del calor que ahoga el alma,
de vez en cuando corre una brisa peinando la montaña
olorosa a matarratones, arrayanes menta fresca

Quise decirte que en esta ciudad donde han muerto los espejos,
de vez en cuando me miro en los ojos
de una cara conocida,
y somos una felicidad perdida.

Cómo decirte tantas cosas,
que quisiera decirte,
sí ahí donde tú estás
no te llega el eco de mis palabras,
y eres sólo una sombra…
una sombra perdida





viernes, 2 de febrero de 2018

CUÁNTO




¡Cuánto duelen estas tardes¡
avanzando lerdas al crepúsculo.
¡Cuánto aprietan el alma¡
con la persistencia de un dolor
sin orígenes.
Como los granos de un reloj de arena
que ha perdido la noción del tiempo
se desmorona mi alma


Foto propia, Piedecuesta







viernes, 26 de enero de 2018

Al sur de la noche



La noche sueña a Lovecraft,
en Las Montañas de la locura;
duerme con Poe en el rumiar 
de su Gato negro,
y delira en el caldo tenebrante
de los Cantos de Maldoror
del Conde de Lautréamont.
En el sopor del calor,
los gatos chillan en la piedra ritual
al estallido de sus tripas,
hendidas por la daga de jade.
Mañana hilos de sangre en las calles
cundirán la ciudad de pánico



Foto propia, Piedecuesta al sur




"LAGAR DEL VERSO

AL SUR DE LA NOCHE

La noche sueña a Lovecraft,
en Las Montañas de la locura;
duerme con Poe en el rumiar 
de su Gato negro,
y delira en el caldo tenebrante   
de los Cantos de Maldoror 
del Conde de Lautréamont.
En el sopor del calor,
los gatos chillan en la piedra ritual
al estallido de sus tripas,
hendidas por la daga de jade.
Mañana hilos de sangre en las calles 
cundirán la ciudad de pánico

Foto propia, Piedecuesta al sur de la noche"

lunes, 8 de enero de 2018

DELIRIO



Pintura de Darío Morales, Ana María entrando en la bañera





La noche cuajada de estrellas,
entra por la ventana.
Un concierto de cigarras,
en la ceiba vecina 
despierta la noche;
y su vestido blanco,
rueda abajo de su espalda 
carnal,
perfecta,
alentando el deseo.



martes, 26 de diciembre de 2017

LOS HOMBRES DEL REFUERZO

LOS HOMBRES DEL REFUERZO

Tenía los ojos de un azul vivo. Las guedejas de pelo que le caían en la frente, y en la sienes, con una rebeldía proverbial a la peluquería. A pesar de su edad avejentada, con él no obraban los cálculos.

Lo que si se le notaba era una tristeza profunda, que el escándalo de su risa no alcanzaba a ocultar. Lo había visto siempre por esas cantinas de la carrera sexta, abajo del barrio Hoyogrande, que con los amigos solíamos frecuentar porque la cerveza era barata. Se le veía siempre en una mesa del rincón, rodeado de curiosos, que le daban una cerveza, para que contara sus historias sobre la Violencia del cuarenta y el cincuenta, recrudecida con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Alguna vez, me le arrimé con una cerveza para que cogiera confianza, y le pregunté  de dónde era. Se quedó mirándome con desconfianza, mientras se decidía entre sobarle el casco a la botella o bebérsela. Entonces le pedí que brindáramos y choqué mi botella de cerveza con la suya.
-Usted no es de por aquí- le dije
-Soy de Vistahermosa, llanero raizal, del Meta- Chupó de la botella con una sed de náufrago
- Qué lo trajo por aquí?- Se quedó mirándome pero esta vez sin desconfianza
- Puedo tomarme otra cerveza? Le dije al cantinero que nos trajera otras dos cervezas.
- Le voy a contar por qué llegué aquí. Apenas me echaba los pantalones largos,cuando me uní a la guerrilla de Juan de la Cruz Varela. Ha oído hablar de él? Con un movimiento de cabeza asentí. El hombre prosiguió: yo le ayudé a montar la guerrilla del Sumapaz. De ahí me agarró confianza, y me dijo, lo voy a mandar pa´ Santander. Allá hay gente arrecha pa´ sumarla a la lucha. Su tarea es reclutarla a como dé lugar, y traerla al Sumapaz. Aquí, en Piedecuesta, focalicé el Centro de operaciones, y me llevaba los enganchados pal Mortiño, donde recibían instrucción militar. Pero, yo que estaba preparado pa´ lo castrense, no lo estaba pal amor. Y se apareció la hermana de un reclutado, preguntando por él. No sé cómo nos gustamos. La mujer había estado por Curazao y Venezuela. Era bonita la condenada. Los ojitos en la noche le brillaban como cocuyos. Los labios carnosos, y el cuerpo talladito como el tronco de una mata de plátano. Me gustaba esa mujer, que nos encamábamos y no quería salir de entre el calor de sus piernas.Era un fogón. 

Alguien, que no quiero decir su nombre, me dijo por ahí,  esa mujer tiene cangarejera, y va a ser su perdición. Si lo dice es por qué ha estado con ella, y no le di tiempo a que me respondiera porque le metí una bala en la cabeza. Lo que más me dolía, era que por la mujer había descuidado  la inteligencia y la instrucción de los enganchados, y la misión se vino abajo. No sé pero, alguien dentro del mismo movimiento, tuvo que haber sapiado, porque los fueron cogiendo uno a uno, y asesinados de un tiro en la nuca, a la orilla de la quebrada de Las cruces. Entonces, pensé, que no me quedaba otro camino que matarla a ella, y que mi comandante Varela, se quedara el resto de su vida, esperando el refuerzo de los hombres frescos, que yo había quedado llevarle de Santander


Foto intervenida

sábado, 9 de diciembre de 2017

Claroscuro


La imagen puede contener: cielo y exterior
Foto propia: Barrio La Sinfonía, Piedecuesta



Miro las cabriolas del tiempo,
andando y desandando
y se instala en el pasado,
en algún mueble que aún no
condenamos al cuarto de rebrujo;
en la ventana donde se apostaba ella,
para el furtivo beso;
en la casa vieja de cuartos espaciosos,
donde alguna vez,
nos desnudamos urgidos de deseo,
y supimos por primera vez del amor venéreo.








domingo, 19 de noviembre de 2017

Tiempo de domingo




*Foto propia, Pamplona, Norte de Santander (colombia)



TIEMPO DE DOMINGO 

La felicidad es un domingo,  
la he escuchado tantas veces, 
que se volvió frase huérfana, 
sin dueño ni gobierno. 
No juzgo a los que esperan los domingos 
con la ansiedad del niño 
que sueña los vientos de agosto para elevar cometas; 
son sus sueños y hay que respetarlos. 
Mientras otros madrugan al sol del domingo, 
duermo hasta tarde, 
en una duermevela que fatiga y tortura. 
Cuántas veces ¡ he recorrido esos días de domingo, 
vacíos y tristes, hechos racimos de gente en los supermercados como esperando un Godot que nunca llega 
Hay en sus ojos una mirada imprecisa, 
ojos de pez en el acuario 
mustios como los míos 
cuando en la ventana del domingo 
me asomo a mirar 
un sol que calcina todo sentimiento