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sábado, 14 de octubre de 2017

Estas calles...

Estas calles que esperaban la noche, 
casi en sombras, 

con la sola la luz mortecina 
de las bombillas en sus puertas. 
Ya no viven adentro de sus casas, 
la risa desabrochada de las putas;
el chancleteo de las 
máquinas de coser de los sastres

que vestían al pueblo,
ni la vocinglería de los violines, 

tiples y bandolas de las estudiantinas 
que le dieron nombre sinfónico al barrio. 
Hasta los viejos,
perdieron la memoria 
de los buenos tiempos de estas calles


Foto propia: Piedecuesta









miércoles, 27 de septiembre de 2017

Las palabras





Foto propia


Hacía tiempo  nos habíamos quedados solos, en un apartamento del tercer piso. Los hijos, cada uno había cogido su rumbo y su camino, y apenas masticábamos las palabras para un buenos días frío, antes del café, y de irnos al  trabajo. 

En la noche, sentados a la mesa como dos extraños, nos quedábamos a la espera del muchacho de las comidas rápidas. Regularmente, nos traía un sándwich de queso y jamón, o unas costillitas de cerdo, luego mirábamos la televisión, o yo le echaba una mirada al facebook, mientras ella se desahogaba, dejando salir su angustia siempreviva en esa expresión tan suya, nos quedamos íngrimos, y  la oía sollozar.  Luego nos íbamos a dormir como dos desconocidos.


En la mañana, antes de meterme a la ducha, era cuándo más sentía ese miedo grande,  miedo de la frialdad que nos había matado las palabras, y nos había apartado como dos extraños, en este apartamento de cuartos solos, donde dolía el recuerdo de los hijos.


Una noche, Hortencia (así se llamaba mi mujer), ya me estaba esperando; había preparado la comida,  una delicia de chuletas de cerdo. No voy a negarlo, que me sorprendió. Y  más , cuando entre bocado y bocado se puso nostálgica del pueblo y la noche, te acuerdas, cuando me visitabas de novios, y nos sentábamos en el pretil de la casa a hablar de las cosas de la vida, y de la muerte, como si cada palabra que dijéramos de ella, nos blindara del horror de su presencia, y nos hiciera eternos. Y me besabas y me abrazabas con tanta intensidad que me estrujabas hasta el alma, y yo me quedaba mirando la noche, sus estrellas y su luna, con tanto encanto, que pensaba que habían  sido hechas, solamente para mi felicidad. Había quedado como en un trance, y un nudo que se me hacía en la garganta, pero atiné a decirle, vamos a recuperar esas noches, amor, y sentí sus besos hechos  lágrimas. 



viernes, 15 de septiembre de 2017

La ciudad abrasada

Me asomo a la ciudad, 
en el sol fuerte del mediodía, 
y se derrite en un vaho que ahoga el pecho, 
y niega la sonrisa. 
Cómo tener algo de gracia 
en esta hora donde hierve 
hasta el alma. 
Yo casi,
ni me reconozco, 
tampoco a los otros, 
menos a mi ellos 
Somos sombras sin cuerpo, 
caminando sonámbulos 
por las calles y avenidas de una ciudad, 
a la cual el sol ha puesto en llamas, 
en esa hora 
en que nos sentamos a almorzar, 
y a conversar la vida



Foto propia: Cañaveral, Floridablanca, Santander (Colombia)


viernes, 1 de septiembre de 2017

INNOMBRABLE

Vendrán a rescatar tu nombre
las palomas,
de entre las fosas perdidas
para que la herida se cierre,
se suture la herida. 
El viento se detendrá en el olor
de los naranjos,
con alguna canción
suya de rebeldías,
desenterrada de allí,
de la tierra sin nombre,
donde antes de la muerte
fue la orgía de la carne
desgarrada,
de los huesos rotos

Foto de Artelista







lunes, 14 de agosto de 2017

Espejismo

Bien lo tengo presente. Corrían los vientos de agosto, alzándolo todo a su paso, hasta la mata de sus cabellos castaños, que se le iban en guedejas de hebra y brisa, y ella trataba de aplastar en su cabeza como un casquete que no encaja. 

Bajo el templete, en la mitad del puente que unía al barrio con el Centro comercial, en el asombro de esa tarde de sol de los venados, me quedé mirándole sus ojos esmeralda, y la besé con ansiedad. No era el único beso que le daba, pero quizás sería el último, pues no la volvería a ver jamás. 

Ahora entendía, por qué me dijo  con  tanta insistencia esa misma tarde, que ojalá no estuviera enamorado,  "ternura, yo soy sólo un espejismo."

Foto propia: Puente San Francisco, Piedecuesta



martes, 1 de agosto de 2017

Memorial de brujas




Eran otros tiempos,
cuando no amenazaba el ruido
al silencio
En esta hora misma,
al canto de  maitines,
pulía al borde del sueño,
Vicente Arenas Mantilla*
sus Crónicas y leyendas.
Una legión de brujas,
las de Malpaso,
revestidas de lechuzas,
hendían de sombras,
 el cielo limpio
de la noche.
Al amanecer, 
la quebrada de Las Cruces,
era una hedentina de gatos negros,
con las tripas rotas







*Vicente Arena Mantilla, cronista mayor de Piedecuesta, autor de Crónicas de mi Tierra, y Estampas de mi tierra

Foto propia de Piedecuesta, sector del barrio legendario, Hoyo Grande.

jueves, 13 de julio de 2017

De ausencias y presencias

Cuánto sabe la noche de ti.
En las flores de azahar me devuelve
el olor de tu pelo,
que se queda en el aire de este cuarto,
perfumando los recuerdos.
Cuánto sabe la noche de ti.
Me devuelve en el marco de la ventana
aquella luna que se quedaba en tus ojos
al primer beso.
Cuánto sabe la noche de ti,
que calienta el frío de la piel
como tú la encendías de ardor 
al primer canto de gallos
anunciando la madrugada.



Pintura intervenida de Maher